miércoles 23 de febrero de 2011

sábado 4 de septiembre de 2010

jueves 11 de diciembre de 2008

A correr

Cuentan que cierto día, estaban en el bosque un caballo y su pequeño hijo, ambos gustaban de correr sin rumbo fijo, solo por el placer de sentir el cálido aire sobre sus cabezas.

Padre e hijo disfrutaban mucho de estas carreras y el compartir sus conversaciones que tanto bien hacia a ambos, siempre tenían pláticas de lo más amenas y realmente existía una comunicación constante entre ellos.

Una mañana, salieron como era su costumbre a correr, estaban muy felices porque era un día espléndido, cuando de repente el pequeño caballo tropezó y cayó rodando, su padre se detuvo de inmediato volviendo sobre sus pasos para ver que le había sucedido a su pequeño hijo.

Se acerco a él para averiguar si se encontraba bien, y el pequeño no lograba levantarse, muy asustado le dijo a su padre: - Siento que no podré volverme a levantar, me siento muy lastimado de una pata.

- Hijo, debes levantarte, acaso ¿Te has roto algo?- Padre, le dijo el caballito, creo que no me he roto nada, sin embargo, un caballo nunca se cae y cuando lo hace, le resulta sumamente difícil levantarse.

- Hijo, estás equivocado, algunos animales como nosotros caen, pero vuelven a levantarse y tu te levantarás, porque tu no tienes nada roto, tu voluntad hará que te levantes y vuelvas a caminar y a correr como siempre lo has hecho, no permitirás que tu mente te haga tomar una decisión equivocada, creyendo que porque has caído no podrás levantarte, además, yo te ayudaré a hacerlo, porque yo precisaré de tu ayuda, cuando caiga y necesite levantarme igualmente.

- Pero padre, ¿cómo podría yo ayudarte a levantar si soy tan pequeño?

- Hijo no se necesita fuerza física para dar esa clase de ayuda, solo se requiere un gran amor, esa es la clase de ayuda que necesitamos, sentirnos apoyados por nuestros seres más queridos, y yo te amo mucho y por esa razón te digo que te levantes, porque todavía tenemos muchos caminos que recorrer juntos.

Y nuestro pequeño caballito, se levantó, se sacudió el polvo, empezó a caminar junto a su amado padre y pronto empezaron a correr como era su costumbre.

CAERSE no es lo importante, lo importante es LEVANTARSE cuantas veces sea necesario.



Anónimo

lunes 1 de diciembre de 2008

El asno y el hielo

Era invierno, hacía mucho frío y todos los caminos se hallaban helados. El asnito, que estaba cansado, no se encontraba con ánimos para caminar hasta el establo.
-iEa, aquí me quedo! -se dijo, de-jándose caer al suelo. Un aterido y hambriento gorrioncillo fue a posarse cerca de su oreja y le dijo:
-Asno, buen amigo, tenga cuidado; no estás en el camino, sino en un lago helado.
-Déjame, tengo sueño ! Y, con un largo bostezo, se quedó dormido.
Poco a poco, el calor de su cuerpo comenzó a fundir el hielo hasta que, de pronto, se rompió con un gran chasquido.
El asno despertó al caer al agua y empezó a pedir socorro, pero nadie pudo ayudarle, aunque el gorrión bien lo hubiera querido.
La historia del asnito ahogado debería hacer reflexionar a muchos holgazanes. Porque la pereza suele traer estas consecuencias .

jueves 14 de agosto de 2008

salamandra

(Redirigido desde Salamandra)


La salamandra común (Salamandra salamandra) es un anfibio urodelo común en Europa con preferencia por hábitats acuáticos de media y alta montaña, ecológicamente poco alterados. Normalmente sale de su escondrijo cuando el tiempo es frio y húmedo.Se le puede ver pasear con mucha tranquilidad en los caminos, a veces se esconde debajo de las piedras. Su longitud rara vez sobrepasa los 20 cm. Las salamandras muestran una asombrosa capacidad para regenerar miembros amputados.

lunes 7 de abril de 2008

Rebollo y Rebollín (3ª parte)

...¡¡¡¡¡Amanito (hijo de doña Muscaria)!!!!!
Al verlo decidieron tenderle una trampa (al recolector); ataron varias ramitas y los extremos los clavaron a la tierra. Así, el recolector se cayó, cogieron aa Amanito rápidamente y lo llevaron con su madre.
Muscaria se puso contentísima y así acabó.

Fin

Rebollo y Rebollín (2ª parte)

Caminando, caminando encontraron un árbol caído en el camino y debajo del mismo encontraron una seta de cardo y les dijo:
—Ayudadme a salir de aquí, me han atrapado.
Ellos la ayudaron cogiendo un palo; un extremo lo metieron debajo del árbol y en el otro saltaron. Así se salvo.

Le dijeron:
—¿Quieres venir con nosotros?
Y asintió con la cabeza y entonces siguieron. Encontraron un recolector (humano) y en la cesta...

(Fin de la segunda parte)